Rubén Calviño, profesor: “Una persona de 60 o 70 años que cree que ya no puede aprender algo nuevo practicará menos y abandonará cuando aparezcan dificultades”

Llevamos toda la vida entendiendo mal a nuestro cerebro y la forma en la que aprendemos. Releemos un texto pensando que así lo memorizaremos, subrayamos páginas enteras creyendo que de este modo retendremos la información más relevante y acumulamos contenidos pensando que aprenderemos de forma efectiva. A pesar de encontrarnos en una era con acceso a una cantidad ingente de información y recursos formativos, seguimos aplicando prácticas poco provechosas sin saber realmente cómo adquiere conocimientos este órgano.

La neurociencia lleva años advirtiendo de que nuestro cerebro no es rígido ni estático, que no utiliza una única fórmula para adquirir conocimientos. Todo lo contrario: es plástico y maleable. Modifica sus conexiones, reorganiza sus redes neuronales y se adapta a las experiencias a las que se enfrenta. Este fenómeno, conocido como neuroplasticidad, está en la base del aprendizaje.

Además, esta flexibilidad nos acompaña durante toda la vida y desmonta la creencia de que, a medida que envejecemos, dejamos de ser capaces de incorporar cosas nuevas. Aunque es cierto que algunas capacidades cognitivas cambian con la edad y que determinados estudios pueden requerir un mayor esfuerzo, existen estrategias y hábitos que pueden ayudarnos a seguir desarrollando y preservando nuestras aptitudes.

Rubén Calviño, maestro de Educación Primaria, divulgador y especialista en aprendizaje y psicología aplicada a la educación, aborda estas cuestiones en su nuevo libro, Tu cerebro tiene truco (Plataforma Editorial). A partir de distintas disciplinas, el autor explica cómo funciona nuestra mente al aprender, qué papel desempeñan la memoria, la atención y las emociones y o nuestros propios conocimientos previos pueden marcar la diferencia.

¿Cómo aprende nuestro cerebro?

Reactivando y modificando patrones neuronales a partir de aquello a lo que ya ha estado expuesto. Por eso son fundamentales principios como conectar lo nuevo con nuestros conocimientos previos, la práctica espaciada o factores como el sueño. Pero una de las ideas más importantes es que, para aprender con profundidad, tenemos que ser capaces de recuperar la información. Muchas veces confundimos estar familiarizados con algo con saberlo. Lo reconocemos cuando lo tenemos delante, pero somos incapaces de recuperarlo de forma autónoma. Aprender implica ser capaces de volver a activar esos patrones cuando los necesitamos.

¿Qué significa que sea plástico y maleable?

La plasticidad neuronal hace referencia a la capacidad de nuestro cerebro para modificarse a través de nuestras experiencias y aprendizajes. Esto nos ayuda a entender que el cerebro no es algo completamente rígido o delimitado. Ni alcanzar determinada edad significa que ya no podamos generar nuevos aprendizajes, ni tener dificultades en una habilidad significa necesariamente que no podamos mejorarla. Existen condicionantes y límites individuales, pero también existe un margen para el aprendizaje y la mejora durante toda la vida.

¿Cómo se vinculan estos conceptos con que una persona tenga más facilidad para aprender que otra?

Existen diferencias individuales relacionadas con la memoria y con factores biológicos y genéticos, pero también tienen muchísimo peso los factores ambientales y contextuales. El entorno en el que nos hemos desarrollado, nuestros conocimientos previos, cómo nos enfrentamos a una tarea, cuánto perseveramos ante las dificultades o qué estrategias utilizamos para aprender pueden acabar generando resultados muy diferentes entre unas personas y otras.

Rubén Calviño, profesor: “Una persona de 60 o 70 años que cree que ya no puede aprender algo nuevo practicará menos y abandonará cuando aparezcan dificultades”

¿Qué importancia tiene la infancia en la formación del cerebro y en el aprendizaje?

Es una etapa fundamental porque el cerebro está experimentando un enorme desarrollo. Algunas áreas, especialmente las relacionadas con la corteza prefrontal, continúan madurando durante la adolescencia y la adultez joven. Ahí encontramos funciones ejecutivas como la planificación, el control inhibitorio o la flexibilidad cognitiva. Por eso, durante la infancia y la adolescencia, es tan importante acompañar su desarrollo, ser modelos y ayudar progresivamente a entrenar capacidades como planificar, controlar impulsos o demorar una gratificación.

¿Qué cambia en el cerebro cuando envejecemos?

Con la edad algunas capacidades cognitivas pueden disminuir y se producen diferentes cambios estructurales y funcionales en el cerebro. Precisamente por eso es especialmente importante mantener hábitos de vida saludables y continuar exponiéndonos a tareas variadas que supongan retos diferentes. Seguir aprendiendo, leyendo, relacionándonos, realizando actividad física o enfrentándonos a situaciones nuevas puede contribuir a preservar nuestras capacidades cognitivas lo mejor posible a medida que envejecemos.

¿Es cierto que a medida que cumplimos años aprendemos peor o es una creencia que deberíamos desterrar?

Es una idea que deberíamos desterrar, o al menos matizar muchísimo. Es cierto que determinadas capacidades cambian con la edad y algunos aprendizajes pueden requerir más esfuerzo, pero seguimos teniendo capacidad para aprender. Además, una persona adulta puede disponer de muchos más conocimientos y estrategias que una persona joven. Si durante años dejamos de leer, aprender o enfrentarnos a retos cognitivos, volver a hacerlo puede resultar difícil, pero no simplemente porque tengamos determinada edad. Como ocurre con muchas habilidades, también importa cuánto las hemos utilizado y cuidado.

Una persona de 50, 60 o 70 años que cree que ya no puede aprender algo nuevo probablemente practicará menos. Foto: IG/rruben.on

¿Cómo pueden nuestras propias creencias negativas sobre la vejez limitar nuestro aprendizaje e influir en otras capacidades cognitivas?

Una persona de 50, 60 o 70 años que cree que ya no puede aprender algo nuevo probablemente practicará menos, evitará determinados retos y abandonará antes cuando aparezcan dificultades. Las creencias pueden influir en cómo afrontamos una tarea, cuánto perseveramos y qué estrategias utilizamos. Se puede generar un círculo: creo que no puedo hacerlo, me esfuerzo o practico menos, obtengo peores resultados y esos resultados refuerzan mi creencia inicial.

Entonces, ¿si cambiamos de creencias aprenderemos mejor?

Las creencias son el punto de partida, pero después tienen que acompañarse de estrategias adecuadas, esfuerzo y hábitos que permitan conseguir experiencias reales de logro.

Habla del andamiaje cognitivo. ¿Qué es y cómo consigue el cerebro compensar algunos de los cambios asociados al envejecimiento?

El andamiaje del envejecimiento y la cognición plantea que, cuando determinados sistemas se vuelven menos eficientes, el cerebro puede reclutar circuitos y recursos adicionales para ayudar a mantener el rendimiento. Es una forma de compensación: ante una dificultad, nuestro cerebro intenta apoyarse en otras redes y estrategias.

Este concepto resulta especialmente interesante porque explica cómo nuestro cerebro puede adaptarse a algunos cambios asociados al envejecimiento. Si bien de forma común hace referencia a ayudar con apoyos específicos los procesos de aprendizaje para ir poco a poco eliminando esas ayudas y conseguir la autonomía en el aprendizaje. En edades avanzadas no se queda solo ahí. Además, nuestras experiencias, conocimientos, actividad cognitiva y determinados hábitos acumulados a lo largo de la vida pueden influir en los recursos con los que afrontamos ese envejecimiento.

El aprendizaje debería parecerse más a un entrenamiento progresivo que a ir cuatro horas al gimnasio un día y no volver. Foto: IG/rruben.on

¿Qué debería hacer una persona de 60, 70 u 80 años que quiera aprender algo completamente nuevo?

Primero, empezar poco a poco. Necesitamos generar pequeñas experiencias de logro que nos animen a continuar. Segundo, conectar lo nuevo con todo lo que ya sabemos, buscando asociaciones personales que den significado a esa información. Y después practicar de forma espaciada y activa. No solamente leer: explicar, crear algo, representar la información de diferentes maneras y, siempre que sea posible, llevarla a situaciones reales. Si aprendemos un idioma, utilizarlo; si aprendemos una habilidad, practicarla desde el principio.

Fuente: www.clarin.com

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